La profundidad de las heridas
Por Patricio Tapia

terremoto3_intNo fue bueno haber vivido el terremoto fuera de Chile. Y la razón obvia es que me hubiera gustado estar con mi familia, con mis hijas y con mi mujer, soportando el que para muchos –ellas incluidas- ha sido el peor susto que les ha tocado vivir. Imaginar eso, recrear esa imagen, fue mi propio y personal desastre.

Desde que llegué, el miércoles pasado, he estado llamando a enólogos y dueños de viñas para ver cómo están, como han resistido en términos familiares y profesionales-materiales la tragedia. Hay números oficiales que ya les hemos dado en un comunicado de Vinos de Chile, pero las historias que hay detrás son mucho menos frías que esos números, todas más dramáticas.

Hay, eso sí, una sensación de echémosle para adelante. La cosecha 2010 por fortuna viene atrasada, así es que eso ha dado una tregua, una pequeña pausa para levantarse, quitarse el polvo y esperar por lo que viene. No puedo imaginar una cosecha más difícil que ésta, aunque todos sin excepción dicen ya estar preparados, en un 70, en un 80, en un cien por ciento.

El daño material se ve. Camino a Curicó, este fin de semana, he visto como las cubas de acero se esparcen por el piso, retorcidas; testigos agobiados de la tragedia. Y qué habrá dentro de las bodegas, cómo se logra ordenar el caos de las barricas derramadas en el suelo, el de las botellas quebradas e intactas que se mezclan en pilas eternas. Cómo ordenar todo eso, no sólo para cuantificar los daños ante la asegurado, sino que también para salir adelante, dejar atrás el trauma de la tragedia.

El domingo en La Tercera, Don Héctor Soto escribe algo de una lucidez impactante: “Los sismos de gran intensidad nos arrebatan algo para siempre que no tiene nada que ver con el plano material. Si un terremoto no conduce a que relativicemos algo, sólo algo, un poco, nuestra manera de vivir, nuestras prioridades, nuestras premuras, nuestro metro cuadrado de ratones, significa entonces que andamos extraviados.” (ir a su blog)

¿Cómo irá a afectar esta nueva brutalidad de la naturaleza a la industria del vino? ¿Cuáles serán las heridas que habrá que curar, mucho más allá de las que el terremoto ha dejado en las cubas de acero inoxidable? De qué estamos hechos, en el fondo, cuán resistente es el material del que está hecho nuestra industria del vino.

Por el momento, nada. El golpe se ha dejado sentir y todos se sacuden la tierra de los pantalones y se vuelven a parar. Pero eso no significa que no haya dolido; eso significa más bien que hay un orgullo propio que enmascara nuestros sentimientos. Me pegan. Lo mínimo que yo espero de mí mismo es que me ponga de pie, lo antes posible. Ya habrá tiempo para echarle un vistazo a la profundidad de la herida, a la forma en la que el machucón en la cara está extendiéndose por la piel.

Estoy leyendo una biografía de Richard Yates, ya saben, uno de los escritores más importantes de la literatura universal. Punto. Trágica Honestidad, se llama el libro sobre su vida. Antes que cualquier cosa, antes que un esquizoide, antes que un bipolar, antes que un borracho perdido, antes que un escritor de una sensibilidad conmovedora, Yates fue un tipo honesto, de esa gente que es capaz de lamerse las heridas en público.

Tengo curiosidad por ver cómo reacciona la industria, cuán profundas son sus heridas, las de verdad. Y también me gustaría, antes que cualquier cosa, ayudar a curarlas porque también son mías.

*Imágenes gentileza Balduzzi y J. Bouchon

 


  1. Decir o pensar que no habra consecuencias, seria impensable, pero si hay un aire de ayuda fuera de Chile, de ayudar a aumentar el consumo de productos chilenos y contribuir de alguna manera con la economia. Chile es un pais fuerte, de gente entusiaste y formal, eso ayuda mucho a una nación que ve perder parte de su patrimonio, y es el incentivo diario para recuperar y sobrepasar lo perdido. Vamos Chile!!!

  2. maria says:

    Yo creo que la industria vinícola, está tocada, pero no herida de muerte. Hay que esforzarse. Si no fuera por las imágenes de los saqueos, que yo creo son fruto de la inseguridad y la desesperación más que de la rabia, Chile tiene asegurada su imagen internacional de pais estable y seguro. A esto hay que añadir la tremenda e inmensa solidaridad y generosidad de todos sus ciudadanos con los más necesitados.
    Chapó!!!
    un cariñoso abrazo