Comprar a un periodista
Por Patricio Tapia

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¿Se puede comprar a un periodista de vinos? Imagino que sí. Es cosa de preguntarle el precio. Aunque de verdad yo nunca gastaría mi dinero en ello. Lo compras y luego, para qué te sirve. En un mundo en donde las fronteras éticas cada vez son más difusas, yo siempre he tenido cuidado con lo que hago, y sobre todo con la forma con la que me relaciono en la industria. He tenido caídas y he aprendido de ellas y ya más o menos tengo claro mi manual de ética, un manual personal, por cierto.

¿Que de qué estoy hablando? De un tema que hoy está algo hot en ciertos circulillos del mundo del vino. En el blog de mi querido Dr. Vino, por ejemplo, se ha armado la tendalada gracias a algunas acusaciones y contra-acusaciones sobre la ética, sobre hasta dónde y desde dónde el periodismo de vinos puede llamarse independiente. La polémica envuelve a Jay Miller y al propio Robert Parker, dos papas de la crítica mundial; el segundo, autodenominado paladín de la independencia; el primero, empleado de Parker y responsable de los vinos sudamericanos (y españoles y australianos) en la influyente publicación The Wine Advocate. Si quieren seguirle el hilo a esta polémica, echen un vistazo aquí.

Yo, por mi parte, voy a contarles lo que hago como periodista y cómo veo mi profesión desde el lado de la ética. Tal como Jancis Robinson lo hizo en un intento por dejar las cosas en claro en lo que a nuestra pega se refiere, yo voy a imitarle. Estamos en tiempos de transparencia. Ya lo habrán notado.

Ganarse la vida como periodista de vinos
Cada vez que digo que yo me gano la vida como periodista de vinos, la gente de la industria, sobre todo los extranjeros, me miran con cara de incredulidad. ¿Cómo es posible semejante cosa? Bueno, imagino que porque no tengo que mantener a los dos jardineros en mi casa de la campiña francesa.

Yo tengo mi propia (y pequeña) editorial en donde publico la guía Descorchados, además de Vinos&más, una revista que edito por ya ocho años para la empresa DyS. Trabajo como columnista en El Mercurio por más de diez años y como responsable para los vinos de Sudamérica y de España en Wine & Spirits de Estados Unidos por otros diez. Sigo contribuyendo al presupuesto familiar con mi trabajo de asesor de contenidos para la señal de cable El Gourmet, en donde, también, hago un programa de televisión una vez al año sobre regiones vitícolas del mundo. Y luego escribo para diferentes publicaciones, a parte de ser socio de Epicuro, una revista que produzco junto al periodista César Fredes. Mis ingresos, entonces, vienen en un cien por cien de mi actividad como periodista, y casi todos relacionados con la escritura que es lo que –a fin de cuentas- más me gusta.

Aunque debo decir a mi favor que tengo a una mujer que aporta considerablemente al presupuesto familiar, soy conciente de que a los periodistas se las paga poco, así es que me considero afortunado en poder afirmar que vivo dignamente de mi profesión, como lo haría cualquier profesional que ha estudiado y ha invertido una buena parte de su dinero en especializarse.

Mi código ético
Hasta hace muy poco, creía firmemente en que la total independencia era posible. Aunque me crié en el vino en Francia, mi formación como periodista es gringa, un país en donde los traumas relacionados con los conflictos de intereses (antes y después de Nixon) son duros – quiero decir que carecen de la ironía gala- así es que siempre he tenido en la cabeza esa cosa griega de que la mujer del César no sólo tiene que serlo, sino que también parecerlo. Gringadas, claro.

Sin embargo, uno se va poniendo viejo; va entendiendo cosas. Yo, por ejemplo, no puedo visualizar mi profesión sin tener contacto con mis fuentes. No concibo no poder relacionarme con los enólogos, propietarios o viticultores y conocer sus motivos. Ser un periodista aislado en la cima de una montaña, libre de los pajaritos y de los peligros que significan los lazos humanos, esos lazos que atentan contra esa independencia. La amistad, claro. Ese miedo. En todo caso, ya he escrito sobre ello. Echen un vistazo a mi visión del asunto aquí. No tengo mucho más que agregar al respecto.

Ahora, una cosa son las relaciones que uno puede establecer con sus fuentes de información, y otra muy distinta es dejarse llevar por ellas. Hay cosas que yo no hago.

1.- Viajes
No acepto viajes que no sean organizados por entidades. A porrazos he aprendido que aceptar viajes financiados por bodegas individuales no tiene interés alguno desde un punto de vista periodístico. Si alguien me invita a Londres al lanzamiento de su vino, desde mi mirada, eso poco le importa a mis lectores (a mis lectores ideales, claro). Cuando se trata de viajes que involucran a una región, y dependiendo de la región o especialmente de la novedad que impliquen sus vinos, sí los acepto, siempre y cuando se trate de invitaciones hechas por un grupo de bodegas.

2.- Muestras
Para la producción de Descorchados, recibimos muestras de las bodegas. Más de mil vinos que esperan ser comentados. Además, cada semana recibo decenas de muestras no solicitadas que también se degustan. Estos vinos no pasan a mi cava personal ni mucho menos. Son material de trabajo y es de esta misma forma como funcionan todas las revistas y guías en el mundo. Lo que se cata -y es interesante- se comenta, de la forma que sea. Hay veces en que una muestra ha dado pie para escribir todo un reportaje sobre un valle o sobre una cepa. Otras veces no ha pasado nada. Mi cava personal tiene muy pocos vinos chilenos. Diría que son sólo el 1 por ciento. Todos los demás los he comprado en viajes con el dinero que me sobra luego de pagar las cuentas.

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3.- Publicidad
Para poder producir Descorchados, Vinos&más u otros proyectos en los que estoy involucrados en Chile (dejo a un lado mi trabajo en El Gourmet, en Wine & Spirits o en otras publicaciones fuera del país) debo recurrir a la publicidad, la mayor parte de ella originada en las viñas de Chile. El método que aplico aquí es separar el área comercial del área periodística.

En el Descorchados, por ejemplo, los vinos son catados a ciegas y luego los que han sido recomendados se envían a las respectivas viñas. Ellas deciden si publican o no una etiqueta. Independiente de si lo hacen, el puntaje y el comentario aparecen publicados en el libro. Esta es la forma en la que trabajan las revistas que yo conozco (Wine & Spirits, por ejemplo). No hay ningún tipo de presión, ni manejo. Lo mismo sucede con Epicuro o Vinos&más.

4.- Presentaciones y comidas
Al pobre de Jay Miller casi lo crucifican porque lo vieron comiendo con unos importadores de vinos españoles, lo que iría en contra de la doctrina de su jefe, el señor Parker. La verdad es que no estoy de acuerdo. Independiente de lo que Parker diga al respecto, creo que es imprescindible entrar en contacto con la gente que es responsable de los vinos que uno cubre.

Además, me gusta pagar mis cuentas, pero muchas veces es imposible porque se te adelantan o porque sería ofensivo o hasta mal educado. Me gusta, de hecho, verle las caras a los representantes o dueños de las viñas cuando pago yo la cuenta de todos. Pero son estupideces, en el fondo. Niñerías. Si alguien cree que yo me voy a vender por una comida, es que las cosas se han distorsionado o que yo parezco un muerto de hambre, asunto que el diámetro de mi cintura por cierto que desmiente.

Con respecto a las presentaciones de vinos, mi filosofía es bien clara. Si el vino o la noticia en torno al vino vale la pena o es interesante, yo la publico o hago referencia a ella de alguna forma. No me siento comprometido por los dos o tres canapés que me puedo comer en un lanzamiento. Sacando cuentas, de todas las presentaciones que voy, yo calculo que escribo sobre alrededor de la mitad. Ahora, tampoco es que haya presentaciones de vinos todos los días en Santiago.

5.- Honestidad
Pero detrás de todo este verso de independencia subyace algo que para mí es fundamental. Mi trabajo consiste en mostrarles perspectivas, puntos de vista, una guía. Y para ello también necesariamente parte de mi trabajo es enfrentarme cara a cara con los enólogos.

En las sesiones que tengo con ellos en mi casa, degustando sus vinos (ya saben, me gusta jugar de local) los enólogos que han asistido saben que lo que pretendo allí es aprender, entender su trabajo y ser honesto. Si no me gusta un vino, se los digo. Y también, si el caso lo amerita, lo escribo, aunque eso me haya generado varios problemas en el pasado.
De la misma forma, en el Descorchados está claramente impresa la lista de vinos catados, con los recomendados y los no recomendados para que el público vea qué es lo que me gusta y lo que no me gusta. Ni les cuento la cantidad de llamadas que debo responder o los mails que debo contestar cuando los resultados son enviados a las viñas.

Mi trabajo está muy relacionado con la industria, es por eso que las fronteras a veces pueden parecer difusas y situaciones como la de Miller pueden prestarse a malos entendidos. Mi forma de ver el asunto es clara y la he aprendido con los años de circo. Pero como ya lo dije, no pretendo –como antes quizás lo hice- pararme como el gran paladín de la independencia, como ese ser que está sobre el bien y el mal y cuya pluma no es tocada por nadie. No creo en eso, sobre todo por el alto contenido de relaciones humanas que tiene este trabajo.

 


  1. Yessenia S. says:

    claramente tu tema favorito eres TÚ mismo… tu sitio se debería llamar http://www.patorama.cl.
    Paremos por favor con la egolatría y démosle más espacio al vino

  2. Editor says:

    Yessenia, puede que tengas razón. Mucho yo-yo, aunque la verdad es que todos los artículos en este sitio están en primera persona, que es la forma en que tenemos los que escribimos aquí de hablar de vinos y cocina, desde experiencias personales.

  3. Estimado PAtricio:

    Tan solo dos observaciones.

    1º ¿Era necesaria esta “aclaración” o “declaración” de principios?. La verdad es que acá veo una necesidad de legitimarse que, dada tu trayectoria, la veo innecesaria.

    2º ¿Existe alguien realmente imparcial en este apacionante mundo del vino?. Puede que no seas comprado con dinero, pero si por tus pasiones y gustos que han ido cambiando en el tiempo.
    Por ejemplo. Recuerdo que cuando escribias a fines de los noventa encontrabas increibles las bombas de fruta, puro poder, aca hay fruta para rato, vino musculoso, etc…
    Sin embargo hoy en día abogas por vinos de poca graduación alcoholica, que se dejen tomar y “amables”. Eso acaso no es estar “comprado”???.

    Afectuosamente,

    JJR

    • Editor says:

      Juan José, sólo me sumo a la ola de transparencia en Chile y también en este mundo del vino, a propósito de esta polémica que describo. Y, claro que sí, los gustos cambian y la gente también. Menos mál! Estoy contigo en que la imparcialidad no existe, en todo caso.

  4. Puta, me llama la atención como les encanta atacar a sus propios paisanos, una cosa es la crítica y otra la criticadera; los que estamos fuera lo vemos diferente, vemos un aporte significativo en cada intervención. Patricio es dueño de una pluma privilegiada, así como creo han sido sus experiencias. Señores, me pregunto, quien no evoluciona con el tiempo? Eso es lo que hace rico mirar atrás y evaluar cuanto hemos cambiado, de eso se trata. Así como el vino no es el mismo en 10 años cuando se hizo; las experiencias, los gustos, pensamientos, criterios, las formas de vivir y expresar lo serán mañana. De mi parte y de muchos de mis colegas, disfrutamos cada escrito del Pato y extraemos su esencia. Para terminar mi comentario, lo cierto del caso, es que la imparcialidad es subjetiva y poco determinante cuando no la usamos. Saludos queridos amigos.

  5. ALEJANDRO:

    Toda la razón. Mi intención no fue atacar ni crear polemica.
    Si rebiste el mensaje en tono alto, mil perdones

    Saludos cordiales

    JJR

  6. Gerhard says:

    Creo que en el mundo del vino nunca está demás decir las cosas aunque puedan parecer obvias. Si Jancis Robinson ve la utilidad en detallar sus reglas de etica, porque Pato Tapía no lo haría? Más bien me gustaría ver que los otros críticos profesionales del vino en Chile hagan lo mismo. Porque un crítico que no tiene la independencia para dejar una viña enojada no tiene ninguna utilidad para los consumidores y más bien sería una prolongación del Departamento de marketing de las viñas… Saludos.

  7. Editor says:

    Igual es un poquito patética la imitación, pero aún así lo hice porque es bueno (y nunca está demás, como dices, Gerhard) dejar en claro algunas cosas.