Tengo recuerdos de Emil Zátopek de niño, cuando por el Canal 13 transmitían esos documentales sobre las olimpiadas, películas en blanco y negro sobre grandes momentos olímpicos como los que vivió este fondista checo. Zátopek corriendo por la campiña finesa, disfrutando del paisaje, de los ondulantes campos de cebada para luego enfilar, sonriente, hacia el Estadio Olímpico de Helsinksi y allí, entre una multitud frenética, obtener su tercera medalla de oro que lo corona, que ya no deja dudas de que este oriundo de Moravia es el corredor más rápido de distancias largas en el mundo o al menos en ese mundo previo a la Primavera de Praga, un mundo distinto, en blanco y negro, narrado por una voz distante, dramática, de acento neutro en los documentales que yo veía de niño.
“Correr”, así se llama la estupenda novela del francés Jean Echenoz, una suerte de biografía a toda prisa sobre Zátopek, “la locomotora”, el hombre que parecía correr a tropezones mientras los demás parecían flotar. “Cuando en el atletismo se comience a premiar el estilo, como se hace en la gimnasia, ahí me comenzaré a preocupar de la forma en la que corro.” dice Echenoz que decía Zatopek para explicar la aparente torpeza de sus movimientos y las morisquetas de dolor de su rostro, el sufrimiento vivo del esfuerzo físico llevado al límite. Una máquina que sólo corre rápido, pero sin elegancia, que no da espectáculo, que sólo gana. “Esa máquina es un motor excepcional en el que se ha omitido montar una carrocería.” Dice Echenoz.
Yo admiro a los fondistas. Admiro esa perseverancia, admiro también la técnica y la estrategia para ir dosificando las energías hasta el final arrebatador; el cálculo que uno tiene que hacer con su propio cuerpo para domarlo, para enseñarle que mejor esperar, que aún no.
El caso es que he encontrado el minuto para terminar esta novela en medio del primer mes de degustaciones para el Descorchados, y ha sido todo un logro porque –tal como habíamos calculado- la experiencia ha sido alucinante, cien por cien enriquecedora, pero también nos ha consumido una cantidad de tiempo enorme. Luego de tres semanas, llevamos catados 250 vinos. En circunstancias normales, y con nuestro antiguo sistema de catas a ciegas, ya estaríamos por terminar los mil.
Y ha sido enriquecedora porque uno siempre aprende probando vinos con los autores, pero también porque nos ha obligado a enfrentarlos también cuando algo no nos gusta. Porque la idea es ésa, es discutir, y es agradable discutir cuando los vinos son buenos, pero también uno en este trabajo aprende que también es enriquecedor discutir de los vinos más polémicos, de los vinos que no nos convencen. Y hay que poner la cara. En todo caso, nadie hasta el momento nos ha tirado un botellazo por la cabeza, lo que el equipo de Descorchados agradece especialmente.
Y hemos probado vinos muy buenos, claro. La cosecha 2010, como lo habíamos adelantado, está increíble en tintos (cabernet!!!) y la 2011 en sauvignon blanc se muestra como una de las más frescas y nerviosas de los últimos diez años. Y, en fin, hay más cosas que ya les iremos contando. Por el momento, una semana más de catas en Santiago (terminamos de catar en septiembre) y luego nos vamos a Mendoza a hacer esto mismo, pero con enólogos argentinos. Ya les cuento. Por el momento, echen un vistazo a Zátopek disfrutando (sonriendo a la cámara, incluso) la maratón de Helsinski, una prueba que nunca antes había corrido. http://www.youtube.com/watch?v=wJMNWpZWdjI Qué la disfruten


Hola Sr. Patricio. Boa entrada. No tempo em que não havia tecnologia nos esportes nem doping, o mesmo com os vinhos. Como disse “dosificando as energias até o final arrebatador”. Não há um paralelo com o Bolero de Ravel? Em minha cabeça o bonus track é a música do filme Carruagens de fogo (Chariots of Fire). E qual a comparação dos Cabernet de 1952 e de 2010?
Saludos!!!
Algo bueno tendrà que salir de todo ese trabajo, seguro!
saludos