Títeres
Por Patricio Tapia

No sé si en realidad viene al caso, pero los niños se desdoblan cuando asisten a una función de títeres. Es decir, son conscientes de que hay humanos detrás y que las marionetas no tienen vida, pero aún así lo creen o quizás quieren que nosotros lo creamos. Incluso cuando no hay una escenario de títeres, cuando sólo tú mueves un simple peluche y lo haces interactuar, cuando le pones tu voz, ellos simulan que el peluche tiene vida y se olvidan del hecho de que sea tu brazo y tu mano el que esté moviéndolo. No lo toman en cuenta. Sólo tienen ojos para ese peluche, para ese títeres. Como dije, no sé si esto viene al caso, pero ahí está. Me saltó en la cabeza.

En el mundo de la música, que es donde quiero ir con esta columna, las definiciones estás más o menos claras. Nadie diría, por ejemplo, que una canción de los Jonas Brothers o de Katy Perry o de Rihanna es como para tomarla muy en serio. A veces, claro, ellos pueden hacer una muy buena canción pop, una canción bien hecha. Por ejemplo, algunas cosas de Madonna o de Adele.

“Someone Like You”, creo yo, es una buena canción pop, bien hechita; se ve que hay un productor atinado detrás, uno que logró presionar las teclas indicadas, teclas que él conoce de memoria y que marcan la diferencia entre una simple canción pop y un hit radial que convierte a una mujer en una mujer millonaria y famosa en todo el planeta. Canciones pop de mensaje simple, de tonos pegajosos, pero que aún así logran vender como pan saliendo de la panadería, porque le gustan a la gente, porque hay una fórmula detrás que funciona, que se sabe que es de gusto masivo. Un buen negocio, en el fondo.

Luego hay otros grupos musicales u otras cantantes que son más respetadas. Pienso en Radiohead, por ejemplo. Esta banda tiene el mérito de haber logrado el éxito comercial, pero a la vez de ser respetada por un público amplio, desde tipos que han bajado el exitazo ése de Creep, porque les gustaba cómo sonaba esa melodía, hasta otros que ha sido subyugados por la ferocidad del mensaje en esta canción. Es por estos mensajes, por los contenidos que entregan, y por la apuesta musical que va más allá de Creep -para internarse en zonas a las que pocas bandas pueden llegar- que Radiohead es admirado, respetado, poseedor de una reputación entre melómanos pop, los mismos que no toman muy en serio a gente como los Jonas Brothers o Lady Gaga.

A mí me pasa. En el camino de mi casa al colegio de mis hijas, escuchamos Radio Disney. Es una pequeña tortura de diez minutos, tres canciones, que mis hijas tararean con entusiasmo. Mientras tanto, yo espero que alguna vez ellas crezcan musicalmente, y dejen esas canciones para adentrarse en otro tipo de música, con más contenido, con más profundidad. Pero no les puedo pedir eso ahora, sino que simplemente lo que puedo hacer es exponerlas –como que no quiere la cosa- a otro tipo de bandas, a otro tipo de música y ver cómo la absorben. Como las niñitas sensibles que son, estoy seguro de que terminarán por entender el mensaje. Sólo necesitan escuchar más y así, con esa experiencia, pasar al siguiente nivel. Escuchar más. Probar más. Iniciar ese viaje alucinante que es depurar el gusto propio.

A todos nos falta escuchar más. Yo, por ejemplo, no soy un gran conocedor de la música etiquetada como “clásica”. Sí sé que me gusta el barroco. Pero no les voy a recitar a todos los músicos del barroco que conozco, porque no conozco a muchos. La verdad es que soy fan de Bach porque me conmueve. No paso mucho más allá. En música clásica, soy menos que aprendiz. Sin embargo, tengo un amigo que sí es un conocedor.

Hace un tiempo, este amigo curioseaba en mi IPod, haciendo de tanto en tanto algún comentario sobre las bandas o los compositores que ahí yo tenía. Y se detuvo en las Suites de Cello de Bach. Una sonrisita medio burlona se le dibujó en los labios y luego, tras esa sonrisa, vino el comentario: Por qué bajaste la versión de Yo-Yo Ma? Me preguntó, haciendo referencia a uno de los intérpretes más conocidos de las suites de Bach. Yo, claro, no tuve muchos argumentos para responder. Era, en realidad, la primera versión que conocía y me pareció buena. Sin embargo, de acuerdo a mi amigo, las Suites de Yo-Yo Ma son menores, una interpretación básica y fácilmente digerible en comparación con las de, por ejemplo, Heinrich Schiff. Vaya a saber uno. Para mí no había tanta diferencia, pero en fin. Estoy aprendiendo, estoy escuchando y voy avanzando en algo que me apasiona.

También es posible que uno adquiera una postura más radical. Como, por ejemplo, pedir explicaciones: Por qué le envenenan la cabeza a nuestros hijos con esa mierda de reggaetón; todas las puñeteras canciones iguales y el mensaje… Qué mensaje es ése, por favor. Alguien puede decirme que tiene de bueno que un niñito de diez años cante esas canciones? Han escuchado las letras de esas canciones?

Yo, al menos, me siento con todo el derecho a alegar. Y a sentir asco por este tipo de música o por este tipo de programas de televisión o por este tipo de novelas o películas que no buscan entretener (asunto muy loable, por lo demás) sino que alienarte, bajarte a un nivel extremo, y quedarte ahí, escuchando a los Wachiturros como si fueran divertidos, como si fueran chicos sanos, como si la música que hacen lo fuera.

Hace poco, escuché al escritor Alberto Fuguet quejarse al respecto. En un programa de televisión, donde lo entrevistaban, él recordaba los tiempos de la Zona de Contacto, un suplemento juvenil de los años 90 en El Mercurio de Santiago. Fuguet se quejaba, con cierta razón, que mientras otras portadas privilegiaban a Chayanne, ellos optaban por Mike Patton, el vocalista de Faith No More. Y que eso, que poner a Chayanne no estaba bien, que era alimentar mal a la juventud, la juventud de los 90 que no es la misma que la de hoy, claro, 20 años más tarde.

Esa dicotomía y, para ser exactos, todo lo anterior, tiene una relación estrecha con el vino. La forma en la que se generan “productos” para un mercado y la forma en la que el marketing trata de disfrazarlos como vinos de “terroir” o de “autor”, cuando, en el mejor de los casos, son equivalentes a una buena canción pop.

Y quizás lo que hago, cuando destaco a Carmelo Patti o a los López o a Rafael Tirado o a Cecchin, es poner mi propio Mike Patton en la portada del Descorchados porque siento que eso es mejor alimento. Es una pequeña protesta. Nada más.

Y cuando alego por la estandarización del vino, cuando me tiro en contra de cierta forma de hacer las cosas, contra lo que me estoy tirando es contra una dictadura del gusto, contra los ataques a la diversidad. No quiero que los vinos estilo Rolland desaparezcan y que todo sea como lo que hace Carmelo Patti, porque sería exactamente lo mismo, pero del otro lado. De sólo imaginar un panorama musical plagado de Radioheads me da nauseas. Si a ustedes les gustan esos vinos sobre maduros y maderizados, pues bien, mi tarea es decirles que hay otros tipos de vinos en el mundo (muchos de ellos más cerca de lo que piensan) y que hay que –al menos- darles una oportunidad para que luego ustedes comparen y decidan.

Yo lo hice. Me gustaban esos vinos enormes, pero luego probé los otros y de pronto me hicieron más sentido con la comida y con la idea de beber una botella completa con mi mujer. Y dejé a un lado ese otro estilo, aunque de vez en cuando me encuentro con muy buenos exponentes que trato de recomendar. Me pasa seguido, la verdad.

Quizás esté diciendo que he pasado de ser fan de Lady Gaga a fanático de Mogwai. Puede ser. Yo, al menos, lo veo como una evolución natural en mi gusto que es el resultado de la cantidad de vinos que puedo probar y de la curiosidad que me lleva a probarlos. Para escuchar Zidane de los Mogwai se necesita cierta preparación, creo yo; cierto background musical. No puedes pasar de Bon Jovi a Mogwai así como así porque lo vas a tirar a la basura, como tampoco puedes pasar de un syrah de South Australia a un poulsard de Jurá porque te vas a sentir estafado. Hay pasos entre medio. Hay que ir lento.

Es un proceso. A veces, ese proceso te puede llevar a quedarte con Lady Gaga, porque, aunque intrascendente para muchos, es lo que te gusta y en eso no hay mucho que hacer. Pero lo que sí es imperdonable es no hacer el viaje, el que quiero que hagan mis hijas en la música. No probar otras cosas porque alguien dijo que, para que el vino sea bueno, tiene que pesarte como un ladrillo en la boca o tiene que oler a frutas o tiene que tener madera o tiene que hacerle honor a esa bendita palabra ”concentración”. Y tu vara con la que mides el vino es ésa, y le temes a cualquier cosa que no sea como eso. He conocido gente así. Las cosas diferentes – y también los vinos diferentes- pueden crear reacciones raras en los seres humanos.

Hay que hacer el viaje porque es un viaje que no termina, porque hay muchos vinos y porque nuestro gusto está en constante evolución. Y porque uno puede querer escuchar pop-radial-para-tararear de tanto en tanto, pero a veces también vale la pena escuchar otras cosas, vinos que te desafíen un poquito más el intelecto, que no sean sólo lo que tienes ahí, para acompañar la comida. Vinos que te muevan.

Y los títeres. Voy a echar de menos cuando mi hija menor deje de creer en los títeres, principalmente porque amo ver cómo le brillan los ojos mientras mi mano mueve el perro de peluche y mi voz –mi voz de perro peluche- le hace preguntas. Y ella ríe y todo parece estar bien. Voy a extrañar esa ingenuidad, esa mirada que obvia lo evidente, y que no sólo no se complica con ello, sino que lo disfruta.

 


  1. Maria says:

    No se puede crucificar al que tenga gusto musicales masivos. Si a una persona le encanta, le apasiona y se prende con Adele, qué tiene de malo?. No todo el mundo tiene la suerte de acceder y avanzar culturalmente, de poder dar rienda suelta a sus inquietudes. La vida es cruel.
    Para mì, la ùnica verdad de lo que escribes es que el reggaeton deberia estar prohibido por ley.
    Saludos
    Maria

  2. Editor says:

    No es eso, maría. Cada uno con sus gustos. Lo que no me parece es quedarse ahí, sin hacer el viaje de descubrimiento, perder la curiosidad. Si a la vuelta te gusta Adele, genial.

  3. Hector Rojas says:

    Creo que incentivar la curiosidad por viajar es genial, escuchar una nueva banda, descorchar un nuevo vino, cambiar un poco la rutina etc… Un gran articulo Pato

  4. Maria says:

    Por supuesto que hay que incentivar el viaje y la curiosidad. Lo que digo es no todo el mundo tiene la suerte de tener un colegio, unos padres, unos amigos que les despierten esa curiosidad. Tus hijas (y los mios, te lo aseguro) tendràn la fortuna de hacer el recorrido porque ya nos estamos encargando de cosquillearles la curiosidad.
    Pero no para todo el mundo es asi. De ahí que se conformen con lo masivo y fácil de encontrar.
    Saludos
    Maria

  5. Samir says:

    Hola Sr. Patriccio. Sim duda es um gran articulo como escrebes Hector. Um dos mehores. Não é só de vinho ou de músicas, mas da vida das pessoas, de suas infâncias, adolescências, juventudes asta el viejo. Morremos aprendendo. És un articulo de muitas interpretações para se conversar por muito tempo com muitas botellas. A “ingenuidade” e o brilho nos olhos de uma pessoa não devem obrigatoriamente desaparecer com o tempo. Fico feliz quando sinto meus olhos brilharem por pequenos acontecimentoscomo quando nino, mesmo que somente eu os veja brilhando. Sentirei saudades quando mi hija não mais se encantar com a barbie, mas ficarei feliz que esteja descobrindo um bom caminho.

    Gracias pela dedicatória em premier espacio en blanco de la primeira página de um libro de ustedes (los 3 libros Descorchados 2012 de Expovinis Brasil).

    Não sei se ustedes sabe de la película de Jack Kerouac. Estou esperando o lançamento para estes dias http://www.youtube.com/watch?v=yYpn8Qlic9A&feature=related Sobre as canções de la película encontrei esta no youtube de Ella Fitzgerald e cantada por um cantor pop http://www.youtube.com/watch?v=Of5qYrK–D8
    E não esqueça de ouvir Jack Kerouac na voz de Natalie Mercahnt (10000 Maniacs).
    Saludos!!
    Samir.

  6. Pablo says:

    Cómo he aprendido de vino leyendo tus columnas, Pato. Más aun descorchando lo que tantas veces sugieres.
    ¿Me permites ahora una sugerencia a modo de agradecimiento?

    Bach, cello y una copa de vino:

    http://www.barrockmagazine.cl/seis-solos/

    Salud!

  7. Pato, me gusto mucho la columna lo que me lleva a opinar por primera vez en tu web. Primero, dejar en claro que mis colores musicales son el Rock y Led Zeppelin, pero creo, que la mejor música es la que te gusta a ti, tiene la capacidad de evocar el placer y cada uno sabe cómo se siente mejor. Hay muchos estilos musicales y claro la invitación lógica para amantes es escuchar lo máximo posible, pero ojo pienso que si queremos ser conocedores y apreciadores debemos dejar de lado el fanatismo y la descalificación , cuando se es fan se pierde objetividad. Si vamos a comparar; seamos coherentes no debemos mezclar peras con manzanas, cada oveja con su pareja. Como podemos comparar Madonna, Daddy Janky y Radiohead, es imposible, cada uno hace música distinta., No me gusta el POP, el reggeton ni el rock depresivo, pero como amante de la música pienso todos ellos son los mejores en su estilo, ofrecieron una propuesta original, rompieron esquemas, fueron los primeros y finalmente, imitados y copiados por varios. Hoy en día hay más de lo mismo, copia de copia, cayendo incluso en que los defectos o errores técnicos son sinónimo de originalidad. Una cosa es decir que me guste y otra que es bueno, he ahí para mí la gran diferencia. Creo que con el vino pasa exactamente lo mismo.

    Exito!!!

  8. Editor says:

    Pablo, qué bueno el link. Y qué bueno ese sitio!!! Muchas gracias.

  9. Editor says:

    Sergio, bienvenido. Y es buen ejercicio practicar la tolerancia, pero a veces hay cierta cosas que te sacan los choros del canasto, no? Como muestra, un botón… http://www.youtube.com/watch?v=V5zdwImXOuo

    Saludos!

  10. Editor says:

    Gracias Samir. Y también estoy esperando lo de En le Camino. Soy un fan de esa novela.Y me da mucha gracia tu amor por Natalie Merchant!!

  11. Editor says:

    Sergio, ese link está loquísimo. Has escuchado hablar de la cultura “chicha” peruana? Bueno, este es el lou reed de la música chicha… http://www.youtube.com/watch?v=G2A3tLh2hRg

  12. claudio says:

    Si este es Lou Reed como sera el resto.(Buenisimo el articulo Pato es cierto y claro)

  13. Patricio, está bueno el artículo y no voy a opinar de musica porque a pesar de haber evolucionado y pasado por varias etapas musicales, me sigue gustando el Rock duro y a veces poco profundo, es eso a lo que llaman pasión viste?
    Comparto tu criterio sobre el vino y me enfoco en esto que escribiste sobre que es necesario tener un conocimiento previo para apreciar vinos mas desafiantes y personales, esos que te dicen algo. Me siento identificado con esto y lo que escribiste sobre los “vinos crudos”, gracias por mantener una opinión diferente en este mundillo globalizado del vino.

    • Editor says:

      Gracias a tí, Fabían, por pasar por Vinorama. Y trata de que los tiempos te coincidan la próxima vez en Buenos Aires.

  14. juan Gabler says:

    Pato, en realidad Yo-Yo Ma es a Bach como la madera nueva al vino. Escucha las suites interpretadas por Anner Bylsma. Respecto de los viajes, es mejor morir en el intento que morir sin haberlo intentado. Qué pena lo último. Has escuchado Shakleton, Xploding Plastix, Gil Scott-Heron, Markus Nicolai, Roman Flugel?

  15. Maya García says:

    Que linda forma de hilar la música, el vino y las cositas de la vida. Me gustó mucho leerlo.
    Siempre emociona descubrir la diversidad a través de los vinos y la música.
    Saludos.

  16. Estimado Patricio: te he conocido a traves de mi hijo y dsede entonces no dejamos de leer tus columnas. No solo hemos aprendido un monton acerca de vinos y a apreciarlos, sino que me encanta tu forma de escribir, a menudo tan poetica, que siempre nos enseña hermosas e interesantes visiones de la vida.Gracias

  17. silver price says:

    Hay canciones para todos los momentos y que abordan todo tipo de temas. Desde el amor o el desamor, pasando por las reivindicaciones propias de la canción protesta, hasta las más festivas o pachangueras. Y por supuesto, sin llegar a ser un género en sí mismo, hay canciones que hablan de comer, del placer de cocinar, de lo que se siente al degustar tal o cual producto y de los recuerdos que los alimentos generan. De eso va la lista que hoy propone AG: diez temas en español que abren el apetito con sugerentes melodías y evocadores textos. ¿Qué mejor maridaje que música y gastronomía?