Descorchados 2013, 1ª parte
Por Patricio Tapia

Por estos días, la nueva versión del Descorchados ya está en imprenta en Colombia y en Chile. Las versiones de Argentina, Brasil y México, mientras tanto, comenzarán a aparecer a partir de enero de 2013. Todavía queda bastante en términos de edición, pero ya está todo hecho en degustaciones, así es que durante las tres próximas entregas de Vinorama les estaremos dando los resultados de esta nueva versión de Descorchados. Partamos por el comienzo: la editorial.

Canadá y Lunlunta

Números. En el Descorchados, como en decenas de publicaciones relacionadas con el vino, la forma más común y consensuada de catalogar una botella es asignándole un número. En el caso de Descorchados, de uno a cien, una escala que, a estas alturas, es la que más se utiliza; una suerte de lenguaje común.

Sin embargo, la verdad es que no es de uno a cien, sino que más bien de ochenta a cien. Un consenso no escrito es que las botellas con menos de ochenta puntos no son buenas. Por distintas razones –defectos, principalmente– los vinos con menos de ochenta es mejor obviarlos.

Pero hay más. El uso de la escala de los cien puntos también implica (y aquí va otra ley no escrita) que los vinos que realmente importan son los que van de noventa a cien. Bajo noventa, si son baratos, valen la pena como botellas de todos los días. Cuando el asunto se pone realmente interesante es cuando se parte en los noventa. Es decir, la escala de los cien es, en realidad, una escala de diez. Raro, ¿no?

Tengo algunas reflexiones respecto de los puntajes. La primera es que no estoy de acuerdo con ponerle números a los vinos. No me gusta. Los siento fríos. No me convencen. Y sin embargo, los tengo que usar porque son un lenguaje universal, un consenso. A regañadientes los uso pensando en que, más que el puntaje, en lo que ustedes se fijarán será en el comentario del vino. Ya lo pueden ver en este Descorchados: los vinos con mayores puntajes son los vinos de los que más escribo. Mi entusiasmo hacia ellos me ayuda a fantasear con la idea de explicárselos para que vayan y los compren. Pero la vida real es distinta. A veces, parece ser que lo único que importan son los condenados numeritos; lo único que aparece destacado por las bodegas son esos puntajes. El resto, solo es un silencio.

Así es que por el momento, me encuentro en un callejón sin salida, buscando por todos lados un nuevo lenguaje, uno más simple. Ojo que no digo que los números, así, a secas, sean aburridos. Hay un planeta maravilloso en ellos. Pero no es el caso de estas escalas, un intento reduccionista de hacer fáciles las cosas, una forma de masticarles todo para que así vayan tranquilos a la tienda, guiados por números.

Ahora mismo trabajo en un nuevo sistema, una nueva forma de recomendarles los vinos que a mí me gustan. Tengo apenas un embrión y quizás no lo logre, pero ahí estoy. Un sistema que sea simple, pero que a la vez obvie esa parte que para mí es lo más desagradable de esta escala: los cien puntos, el vino con cien puntos, el vino perfecto, una idea no solo intimidante sino que imposible: la perfección.

Estamos todos lo suficientemente viejos como para saber que la perfección no existe; demasiado viejos para no haber aprendido que, mientras más perfectas son las cosas, más aburridas nos parecen. ¿Qué es un vino perfecto? ¿El que tiene todo en su lugar? ¿El que no tiene defectos? ¿El compañero de curso con sus zapatos lustrosos, concentrado en lo que dice el profesor, sentado en la primera fila? Encontramos el vino perfecto y ya está; no vale la pena seguir probando porque ya dimos con la perfección. Eso es aberrante, desde cualquier punto de vista que yo al menos imagine.

Pero aquí estoy, tratando de justificarme, mientras unas cuantas páginas más adelante en este Descorchados 2013 los números se roban la película. Es una contradicción. Lo sé. Es una falta de consistencia. Eso lo sé también. Mi única defensa es que trabajo en derrumbar los puntajes. El problema es que, por el momento, no se me ocurre cómo.

Por ejemplo, hace unos días terminé Canadá, la tremenda nueva novela del maestro Richard Ford. Dos niños quedan a la deriva luego de que sus padres deciden que la única forma de salir de sus problemas es robando un banco. Por supuesto que, como ladrones primerizos –gente común que no encaja con el perfil de asaltantes bancarios– caen presos. Y los dos niños quedan solos en su casa. “Primero, les voy a contar sobre el robo al banco que mis padres cometieron. Luego, sobre los asesinatos, que ocurrieron más tarde.” Así parte Canadá. El gran Ford en su mejor forma. ¿Y, bueno, entonces qué puntaje le pongo a este libro?

Más allá de cualquier perfección, los grandes vinos-libros-películas, tienen tal fuerza que te cambian Te transforman un poco. Te hacen ver las cosas desde otro lugar. Me pasó con Canadá, porque Ford tiene la capacidad de hacerte viajar a lugares fríos y desolados; te deposita allí, descalzo, tiritando. Su pluma, a veces, tiene esa habilidad.

Hay vinos que también son así. Existen productores en este lado del mundo que tienen la capacidad de convertir uvas en vinos y vinos en historias, botellas que te llevan al lugar en donde nacieron o a la mente de la persona que las hizo. Te hacen un pequeño tour. “Leer” un vino, esa es la idea. Por ejemplo, Tres 14 de Daniel Pi.

Tres 14 es un malbec tan puro y sabroso que no puedes dejar de beberlo. ¿Por qué un hombre como Pi, que –mientras es enólogo de la bodega Trapiche– trata de hacer vinos concentrados y ambiciosos, vinos que  de seguro obtendrán tremendos puntajes, de pronto hace Tres 14? “Porque me divierte” me dice. Y la lectura que hago, lo que siento, es que me gustaría estar allí en donde él se divierte; me gustaría conocer ese viñedo de Lunlunta, en Mendoza (ese patio de juegos), porque está claro que Daniel lo ha pasado bien; que ha disfrutado haciendo este vino, y que ese disfrute se siente; lo logra transmitir en un malbec afrutado y cristalino que se bebe con la facilidad con la que aceptas una sonrisa. Nada más. Pero tampoco ni un milímetro menos que eso.

Entonces, Tres 14 tiene noventa y dos puntos en Descorchados. Canadá, en tanto, tendría, no sé, noventa y cuatro. Me gustó la novela. Me gustó menos, eso sí, que otras. Por eso los noventa y cuatro. ¿Se dan cuenta de lo pelotudo de todo esto?

Números. Mientras leía Canadá estaba viviendo en otro mundo, con el alma pisoteada, pero ahí, fascinado, esperando la siguiente detonación. Mientras bebí Tres 14 realmente pensé en que el futuro del malbec –gracias a vinos como ése– estaba totalmente asegurado. ¿Es posible cuantificar esa sensación de felicidad que me dio el beber Tres 14? No. No es posible, como tampoco es posible ponerle números a la desolación de dos niños lanzados al abismo, desnudos, perdidos en el mundo que los adultos han diseñado sólo para ellos. En Canadá y en cualquier parte.

En fin. Yo sigo trabajando en un método para recomendarles vinos. Y mientras lo hago, me vendo al sistema sin mucha culpa (o menos de la que tendría que tener) y sigo navegando. Sin embargo, algo sí les puedo asegurar: los vinos destacados en Descorchados 2013, como siempre, son los vinos que me gustan, porque ya lo saben: más allá de las tonteritas de los puntajes, mucho más allá de mis divagaciones intelectualoides sobre la maldad inherente en los cien puntos, lo que realmente importa es si la botella que abrieron les gustó o no. Así de simple. Así de reduccionista.

Y habiendo dicho eso, sean entonces todos ustedes muy bienvenidos al mundo de Descorchados, versión 2013. Hay suficiente vino para todos aquí. Pónganse cómodos. Quítense los zapatos. Y brindemos, que vino hay de sobra.

Patricio Tapia/

Noviembre 2012/

patricio@vinorama.cl

 


  1. Pablo says:

    Salud, Patricio, por esta nueva entrega que tanto nos ayuda a comprender y dimensionar lo amplio, rico y variado que es nuestro patrimonio vitivinícola. Asimismo, salud por todo el equipo que te acompaña y apoya en esa titánica tarea. ¡Qué sea todo un éxito el lanzamiento!

  2. Hola Patricio, coincido con el tema de los números. Cómo se aprecia la diferencia de un 91 a un 92 puntos? Imagino que conocés este blog, http://chateaupetrogasm.com/ Hace tiempo hicimos un ejercicio de degustación calificando vinos con imágenes. Divertido no?
    Abrazo
    DLR

  3. Lorena says:

    Hola Patricio. En la escuela nos ensenan a catar y puntuar los vinos, no obtante ello manejamos una tabla, que dependiendo la numeracion tiene una cualidad. Ej Regular: padece defecto / fuera del mercado. Bueno: ofrece atributos, con carecias. Muy bueno: ofrece varios atributos Execelente: un vino distinguido.
    Slds

  4. Luis Brites says:

    Siga navegando sin culpa el sistema ya compró a más gente también pero se sienten culpables, seguramente es lo que toman….

  5. Habria que mirar el vino como literatura o cine y asi enfocar la evaluacion.

  6. Manuel says:

    Que buena nota Patricio. Qué decir? Cuánta verdad en tus palabras!
    Recuerdo que dando clases sobre toma de decisiones teníamos un ejercicio sobre escalas de medición (cómo tomaríamos decisiones sin medir, no?) Dónde se ponía de ejemplo una pareja que salía al cine y a comer, y finalizada dicha salida, cada uno ponía su puntaje de 1 a 10 a la salida: una puntuación para el cine y otra para la cena. Luego se sumaba el puntaje para ver quien “había disfrutado más” la salida y así abrir un debate. Si bien necesitamos medir para poder comparar, las escalas son subjetivas de la persona! Y a veces lo importante no es el número frío, sino lo que quiere comunicar ese número.
    Creo que en estás lineas, en lo que a mi concierne, he logrado entender que buscas transmitir con esos números y estoy de acuerdo contigo que lo importante de todo esto es la explicación que tienes sobre ese vino, porqué debería uno probarlo!
    Gran tarea la tuya en esto de buscar una forma de comunicar y educar sobre el mundo del vino y adicionalmente sobre la cultura y conocimientos que hay detrás de esa hermosa bebida.
    Un saludo,

  7. Edgardo says:

    Hola Patricio,

    Porqué seguir entrampado en eso si la estás pasando mal como decis? Largá todo y se el primero en hacerlo distinto al resto,si tus crónicas son mas entretenidas que los puntajes.Animate. Metele. abz

  8. Maria says:

    Muy de acuerdo con Edgardo: Ėchale un par y rompe el mercado. Tienes credibilidad y criterio suficientemente avalado por tu trayectoria. Los puntajes son un mal necesario, como tantos otros en la vida, pero eso no quiere decir que tengan que perdurar.

    Salud/Saludos

  9. Buena editorial pero sigues puntuando, cosa que no comparto. No creo en los puntajes y espero que tu nuevo sistema sea mejor. Te considero confiable y saco mucho mas provecho cuando dices que un vino te gusta y porque te gusta. Por eso iré tras ese Tres 14 de Daniel Pi.
    Salute

  10. Inma Pérez says:

    Genial post. Quizá te sirva como inspiración esta forma de clasificar vinos con formas y colores (perfiles de cata). A mí me ha parecido novedoso, aunque no deja de ser una clasificación. No puntúa y orienta de forma sencilla al consumidor en el tipo de vino del que se habla: http://www.wineissocial.com/how-it-works/

  11. Inma Pérez says:

    Una pena no poder probar en España muchos de los vinos que aparecen en Descorchados. ¿Hay alguna posibilidad de un Descorchados España? Aquí necesitamos también otras miradas.